
Consideraciones sobre el discurso del "León" Javier Milei.
Pedro Miguel MassolaDurante su exposición, el mandatario explicó que los problemas actuales son consecuencia directa, exclusiva y casi metafísica del gobierno anterior, al que responsabilizó con precisión quirúrgica de absolutamente todo lo que no funciona, desde la economía hasta el clima político, pasando —presumiblemente— por la humedad ambiente.
En materia de política doméstica, dedicó un espacio especial a los opositores, a quienes agrupó bajo la categoría conceptual de “cucas”, aportando así una contribución terminológica al debate democrático contemporáneo.
El jefe de Estado también ratificó su apoyo incondicional a las políticas de pacificación impulsadas por el imperio norteamericano, reafirmando la tradicional vocación argentina por observar los conflictos internacionales con espíritu colaborativo y cierta distancia geográfica prudente.
El momento de mayor tensión institucional llegó cuando el mandatario se refirió a su propia compañera de fórmula, a quien acusó —con gestualidad particularmente expresiva— de albergar presuntas ambiciones sobre el histórico sillón de Rivadavia, dejando en claro que la convivencia política puede ser compleja incluso dentro del mismo despacho.
No faltaron referencias a la ex presidenta Cristina Fernández, a quien volvió a señalar con vehemencia como responsable moral de múltiples desajustes nacionales, mientras simultáneamente aseguró —con la serenidad de quien duerme con la conciencia tranquila— que los audios vinculados a presuntas coimas son absolutamente falsos. Esta convicción no impidió, sin embargo, la adopción de algunas medidas preventivas con el protagonista de dichas grabaciones, en lo que analistas califican como una interesante combinación de certeza moral y prudencia administrativa.
El mandatario también reafirmó tener las manos completamente limpias de cualquier irregularidad, incluyendo cuestiones vinculadas al caso Libra y a supuestas coimas en instituciones relacionadas con discapacidad, subrayando su transparencia con la solidez de quien no necesita jabón adicional.
En el plano expresivo, el discurso tuvo momentos artísticos destacados: el presidente desplegó sus conocidas aptitudes vocales, enronqueciendo la voz hasta alcanzar registros que evocaron los rugidos de un león, símbolo que él mismo ha adoptado con entusiasmo.
No obstante, desde algunos sectores opositores persiste la interpretación alternativa de que, más que león, el comportamiento presidencial recordaría al de un “gatito mimoso”, especialmente en instancias de diálogo cordial con el presidente de los Estados Unidos, donde la fiereza parecería adoptar formas más diplomáticas.
Así concluyó una nueva presentación presidencial, rica en definiciones, responsabilidades ajenas y demostraciones zoológicas.
Esto ha sido todo por hoy. Buenas noches. Hasta mañana.


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