
Alerta por hantavirus en la provincia: cuatro muertes en lo que va de 2026 y máxima preocupación sanitaria
Pedro Miguel Massola
El peligro no se anuncia con ruido. Se esconde en galpones cerrados, en pastizales altos, en rincones donde el aire casi no circula. En la provincia de Buenos Aires, el hantavirus ya dejó cuatro muertes en lo que va de 2026 y la amenaza vuelve a instalarse con fuerza, especialmente en zonas rurales y periurbanas.
“El hantavirus es una enfermedad viral transmitida por los roedores”, explicó la médica veterinaria Valeria Peluffo, de la ciudad de Trenque Lauquen. Se trata de un virus endémico en la Argentina, que circula de manera permanente en poblaciones de roedores silvestres. Ellos son el reservorio: no se enferman, pero eliminan el virus a través de la orina, la materia fecal y la saliva.
El contagio en humanos se produce por contacto directo con esos desechos o por inhalación de partículas virales suspendidas en el aire, algo frecuente en lugares cerrados, poco ventilados o abandonados. “Puede pasar al limpiar un galpón, una vivienda cerrada, una huerta o espacios donde hubo presencia de roedores”, advirtió Peluffo.
Los síntomas iniciales suelen ser inespecíficos: fiebre, malestar general y signos respiratorios. Luego, el cuadro puede agravarse con compromiso gastrointestinal y cardíaco, requiriendo internación urgente en centros de alta complejidad y acceso a terapia intensiva. “Ante cualquier cuadro febril y respiratorio, hay que consultar de inmediato”, subrayó la especialista.
Todas las personas pueden contagiarse, aunque quienes presentan inmunosupresión o defensas bajas pueden ser más vulnerables. Si bien existe un roedor identificado como principal transmisor —el llamado ratón de cola larga, cuya cola supera el largo del cuerpo—, prácticamente todos los roedores pueden portar el virus.
La prevención es clave y está al alcance. Uso de guantes y protección al trabajar en huertas o zonas con posible presencia de roedores, higiene estricta, pasto corto, eliminación de basura y cacharros, ventilación adecuada de espacios cerrados y, cuando corresponde, tareas de desratización y desinfección. “La idea es no darle lugar al roedor”, resumió Peluffo.
El hantavirus no es una amenaza invisible, pero sí silenciosa. Y cuando aparece, suele hacerlo tarde. Por eso, la información y la prevención vuelven a ser la primera línea de defensa.


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