
¿Cuánta influencia tienen los superricos en las localidades a las que pertenecen?
Pedro Miguel MassolaEn la ciudad alemana de Kiel se ha desatado una disputa en torno al Estadio Holstein. El mecenas del fútbol Gerhard Lütje, fundador de la empresa CITTI, quiere modernizar el estadio y convertir de paso la zona en un centro de negocios con todas las facilidades para el automóvil. Muchos consideran que no es un proyecto sostenible, pero se quejan de que nadie escucha sus críticas. El alcalde de Kiel, el socialdemócrata Ulf Kämpfer, tiene que negociar sin ahuyentar al empresario.
El equipo de rodaje se reúne con el multimillonario Klaus-Michael Kühne, uno de los hombres más ricos de Alemania, en su lujoso hotel de Hamburgo. Este hombre de 85 años hace donaciones: apoya al equipo de fútbol Hamburgo, tiene una universidad en dicha ciudad, quiere construir una ópera y patrocina a la Filarmónica del Elba. Kühne no paga impuestos en Alemania, pues ya su padre trasladó el lugar de residencia familiar a Suiza. "El Estado no sabe manejar la economía como es debido", opina Kühne, que considera que él puede distribuir mejor su dinero. El fundador de Lidl, Dieter Schwarz, donó un gigantesco campus educativo a la ciudad de Heilbronn. Pero ¿sirven los intereses de los grandes mecenas al bien común? No, dice la hija de una familia rica que participa en la iniciativa "Taxmenow", unos 50 millonarios y millonarias que consideran que la actual fiscalidad a los ricos en Alemania no es justa.


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