
Eva Perón (1919-52). La palabra encendida.

Hay materia de juicios abundantes en su ardorosa defensa de los humildes, en sus acciones reparatorias, en su tajante condena a la oligarquía y, fundamentalmente, en su apoyo irrestricto al líder del movimiento Justicialista.
En este nuevo aniversario (el 71°) del fin de sus días terrenales, el legado de Evita sigue convocando a la veneración o al rechazo. como lo hicieron en el pasado políticos opositores, pero también destacados intelectuales. Escritores de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, Victoria Ocampo o Julio Cortázar, por mencionar a unos pocos.
Pero también se lanzaron descalificaciones basadas en el clasismo, la misoginia o simplemente los prejuicios morales de la época.
La comunicadora
El recuerdo de la Jefa Espiritual de la Nación tiene un sólido punto de apoyo en la fuerza comunicativa de sus discursos y sus escritos. Sus dotes de actriz, sus exhuberancias verbales y textuales, dieron pie durante más de siete décadas a variados análisis y estudios sobre una experiencia inédita en la historia nacional.
Recordar a Evita es recurrir a enunciaciones potentes que fueron mucho más allá de la pura retórica. Su palabra se encendía para impulsar o acompañar las acciones políticas y sociales impulsadas por el general Presidente.
Ella ocupó un espacio central en esa escena, al calor de un ímpetu y una elocuencia desacostumbradas, y por cierto, agigantada por un aparato propagandístico que la iluminó durante el período relativamente breve de su actuación política.
Los relevamientos realizados contabilizan 634 discursos. El primero, el 27 de febrero de 1946, en un acto organizado para agradecer a las mujeres su apoyo a la candidatura de la fórmula Perón-Quijano. Hasta su última aparición pública, el 1° de mayo de 1952, frente a una multitud en Plaza de Mayo.
Pocas semanas después, tras su fallecimiento el 26 de julio, más de 2 millones, se dijo, asistieron a la despedida de la “santa de Los Toldos”. Tal fue el temprano reconocimiento a quien dotó de una mística inconfundible al movimiento justicialista a partir de su innegociable defensa de los “descamisados” y del pueblo trabajador.
Un rol desempeñado, sin duda, gracias a su experiencia de actriz, junto al despliegue de un conjunto de figuras discursivas, recursos léxicos y sintácticos, así como tonos exaltados y hasta dramáticos (melodramáticos, dirán algunos).
De este lado
Con expresiones directas o metafóricas, y mediante el frecuente uso de hipérboles (exageraciones con fines expresivos), la vocera principal del peronismo logró una transmisión eficaz a la vez que perfeccionó un cautivador instrumento de seducción y hasta de embeleso de masas. Por cierto, siempre subordinada al mensaje del líder, con el cual se potenciaba y retroalimentaba.
Algunas corrientes politológicas modernas desprecian y cuestionan el uso de esos recursos, bajo la acusación de “demagogia” o de “populismo”.
El debate excede estas líneas, aunque cabría interpelar a esos teóricos: ¿qué democracia es aquella en que preocupa que pierdan parte de su dominio los grupos de poder locales y externos, mientras se favorece a actores tradicionalmente subalternos, cuando no directamente super explotados?.
Otra pregunta para finalizar: con todas sus contradicciones ¿de que lado se ubicó (y se ubica en nuestra memoria) aquella pasional Evita?
* Autor del libro EL MONSTRUO Y LA FIESTA, barricadas peronistas y opositoras allá lejos y hace tiempo (Ediciones Ciccus, 2023),


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