
Agua para Pehuajó: una solución que existe, pero todavía no llega
Pedro Miguel Massola
La discusión por el agua potable en Pehuajó volvió a ocupar el centro de la escena.
Esta vez no se trata solamente de una proyección para los próximos años. El problema se siente en el presente.
Aguas Bonaerenses informó que realiza trabajos de reparación sobre el Acueducto Moctezuma, situación que está provocando baja presión y/o falta de agua tanto en Carlos Casares como en Pehuajó. La empresa pidió a los usuarios cuidar las reservas domiciliarias y limitar el consumo a los usos impostergables hasta la normalización del servicio.
No es la primera vez durante 2026 que una dificultad en el sistema regional repercute sobre Pehuajó. En septiembre, reparaciones en el Acueducto Nueve de Julio–Pehuajó obligaron a interrumpir el bombeo y podían provocar falta de agua en la ciudad. Días antes, un corte de energía también había afectado el suministro de Pehuajó y Carlos Casares.
Y en julio, ABSA había informado inconvenientes en el ingreso de agua cruda a la planta potabilizadora de Carlos Casares a través de los acueductos Moctezuma y Nueve de Julio, con impacto sobre Pehuajó.
Un sistema que depende de varios eslabones
El problema permite comprender por qué la discusión sobre nuevas fuentes de abastecimiento no es una cuestión menor.
Según el proyecto municipal presentado en 2022, el sistema de Pehuajó se abastecía mediante el Acueducto Nueve de Julio–Carlos Casares–Pehuajó, con tratamiento en la planta de ABSA de Carlos Casares, y mediante perforaciones locales.
El propio Municipio reconocía entonces que la producción diaria disponible no alcanzaba para satisfacer los requerimientos actuales, particularmente durante el verano. Para el diseño de la solución se tomó como referencia una población de 35.000 habitantes y una proyección de 40.437 personas para 2043.
Es decir, el problema no nació con la actual reparación del Acueducto Moctezuma.
La reparación expone una vulnerabilidad que ya estaba identificada: Pehuajó necesita aumentar y diversificar sus fuentes de abastecimiento.
Mones Cazón: la alternativa que quedó en el camino
En ese contexto aparece el proyecto del Acueducto Mones Cazón–Pehuajó.
La idea es aprovechar el potencial de agua subterránea identificado en la zona de Mones Cazón y trasladarla aproximadamente 55 kilómetros hasta la planta de ABSA en Pehuajó.
El Estudio de Impacto Ambiental incorporó estudios hidrogeológicos del Instituto Nacional del Agua y consideró técnicamente posible utilizar ese recurso bajo determinadas condiciones de explotación. El proyecto prevé una batería de perforaciones y un acueducto de aproximadamente 55 kilómetros.
La propuesta tiene una característica que explica buena parte de su importancia: no se trata simplemente de reparar una cañería existente, sino de incorporar una fuente adicional al sistema.
Eso permitiría reducir la dependencia de los actuales acueductos y de las instalaciones intermedias que hoy forman parte de la cadena de abastecimiento.
Pero del otro lado está Mones Cazón
El proyecto también abrió una controversia que no puede ser ignorada.
La Cooperativa de Agua Potable de Mones Cazón y vecinos de esa localidad plantearon dudas sobre el impacto que una explotación de mayor escala podría tener sobre el acuífero que abastece a la comunidad.
La preocupación tiene una base concreta: el mismo recurso subterráneo es utilizado actualmente para abastecer a Mones Cazón y también por actividades productivas de la zona.
Por eso la discusión no debería reducirse a una consigna sencilla.
No alcanza con preguntar si “hay agua”.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿Cuánta agua puede extraerse, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones sin comprometer la disponibilidad y la calidad del recurso para quienes ya dependen de él?
Ese es uno de los puntos centrales que atraviesa el conflicto judicial.
Una obra que quedó atrapada entre dos necesidades
El proyecto plantea así una situación difícil.
Por un lado, Pehuajó necesita más agua.
Por otro, Mones Cazón necesita garantías de que la explotación de su acuífero no afectará el abastecimiento local.
Ambas necesidades son legítimas y no necesariamente deberían ser incompatibles.
El propio Estudio de Impacto Ambiental contempla la necesidad de controlar la explotación del acuífero y advierte sobre la importancia de evitar una sobreexplotación que pueda generar alteraciones en el sistema hidrogeológico.
Por eso, más que una discusión entre pueblos, el desafío consiste en encontrar una solución técnicamente sustentable que permita ampliar el acceso al agua sin comprometer la fuente existente.
El tiempo pasa y el problema permanece
Mientras continúa la discusión judicial, Pehuajó sigue dependiendo de un sistema que ha demostrado en reiteradas oportunidades su vulnerabilidad.
Una reparación, un corte de energía, un inconveniente en una planta o una interrupción del bombeo pueden repercutir sobre el suministro de toda una ciudad.
Y eso vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que excede a cualquier gobierno, partido político o administración:
¿Puede una ciudad que necesita agua para sus hogares, sus instituciones, sus comercios y su desarrollo depender indefinidamente de un sistema que tiene tan poco margen ante una contingencia?
La respuesta parece estar en aumentar la seguridad del abastecimiento.
Pero aumentar la disponibilidad no significa extraer agua sin límites.
Significa buscar nuevas fuentes, controlar las existentes, invertir en infraestructura, monitorear los acuíferos y establecer reglas claras para todos los usuarios del recurso.
Miles de vecinos esperan una solución
El proyecto Mones Cazón–Pehuajó fue concebido precisamente con esa perspectiva: aumentar el suministro y acompañar las necesidades actuales y futuras de la ciudad.
De concretarse bajo condiciones ambientales y técnicas adecuadas, miles de habitantes de Pehuajó podrían beneficiarse con una fuente adicional de agua potable.
Pero para que eso ocurra todavía deben resolverse las objeciones planteadas, las cuestiones judiciales y las garantías necesarias para Mones Cazón.
No se trata entonces de elegir entre Mones Cazón o Pehuajó.
El verdadero desafío es conseguir que el agua alcance para ambos.
El juego continúa
Hoy, mientras una reparación en el Acueducto Moctezuma vuelve a dejar sectores de Pehuajó con baja presión o falta de agua, el debate adquiere una dimensión concreta.
La necesidad existe.
La alternativa fue estudiada.
La obra comenzó, pero quedó paralizada por el conflicto judicial.
Y el recurso hídrico sigue allí, debajo del territorio, esperando que la ciencia, la política, la Justicia y las instituciones encuentren una forma de utilizarlo sin poner en riesgo a quienes ya dependen de él.
El problema del agua no desapareció.
Y mientras cada nueva falla del sistema vuelve a recordarlo, la pregunta sigue abierta:
¿Cuánto tiempo más puede esperar Pehuajó por una solución estructural?
El juego continúa.


Zurro recorrió Pehuajó y cuestionó a vecinos por la limpieza de los espacios públicos

Una semana que puede cambiar un futuro: Avelino Zurro explicó en Panorama AM cómo funciona el programa de pasantías para jóvenes de los pueblos



