
Olivos bajo la lupa: denuncias por millones, carne, proveedores sospechosos y una salida que genera preguntas
Pedro Miguel Massola
La Quinta de Olivos quedó en el centro de una tormenta política y judicial. Las denuncias presentadas por la diputada Marcela Pagano apuntan al manejo de fondos, compras y contrataciones realizadas desde la residencia presidencial y plantean una pregunta de fondo: ¿quién controlaba realmente el dinero y los recursos destinados a Olivos?
Uno de los capítulos más llamativos de la presentación es una compra de aproximadamente 29 toneladas de carne y embutidos. Según la denuncia, parte de esos productos habría terminado en “Pancitos Caseros”, un emprendimiento que Pagano vincula con personas relacionadas con la cocina y la estructura operativa de la Quinta.
La acusación es grave, pero todavía es eso: una acusación que deberá ser comprobada judicialmente.
Y no es el único dato que genera interrogantes.
Pagano también puso bajo la lupa a un jubilado de un barrio carenciado que aparece relacionado con contrataciones por más de $600 millones. La diputada cuestionó que una persona sin patrimonio significativo pudiera aparecer vinculada a semejante volumen de operaciones y planteó la posibilidad de que haya actuado como prestanombre.
Otra contratación millonaria aparece en el expediente: unos $700 millones destinados al mantenimiento de espacios verdes de Olivos y la Casa Rosada. La diputada cuestionó a las empresas adjudicatarias y pidió investigar los vínculos societarios y familiares que, según su presentación, podrían existir detrás de la contratación.
Mientras estas denuncias avanzaban, ocurrió otro movimiento que inevitablemente llamó la atención.
El Gobierno oficializó la renuncia de María Belén Agudiez, quien ocupaba la Subsecretaría de Planificación General, dentro de la estructura de la Secretaría General de la Presidencia que conduce Karina Milei.
Oficialmente, el Gobierno no relacionó su salida con las denuncias.
Pero el momento político es imposible de ignorar: las acusaciones sobre el funcionamiento de Olivos avanzaron prácticamente al mismo tiempo que comenzó una reorganización de la residencia presidencial.
Además, la administración de la Quinta será transferida a la Casa Militar, en medio de una reestructuración que también derivó en la salida de trabajadores civiles.
ATE denunció que 14 empleados fueron despedidos y reemplazados por personal militar. El Gobierno maneja otra cifra y justificó los cambios dentro de una reorganización de la seguridad y el funcionamiento de la residencia.
El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, habló directamente de una “creciente militarización” de áreas del Gobierno.
Así, Olivos acumula tres frentes simultáneos: denuncias judiciales, cambios en su estructura de funcionamiento y una fuerte disputa política alrededor de quién administra los recursos de la residencia presidencial.
Por ahora, ninguna de las acusaciones centrales permite afirmar que existió un delito. Eso deberá determinarlo la Justicia.
Pero las preguntas ya están planteadas.
¿Cómo se compraron y distribuyeron los alimentos? ¿Quiénes fueron los verdaderos beneficiarios de las contrataciones? ¿Cómo llegó un jubilado sin patrimonio relevante a aparecer vinculado a operaciones por cientos de millones de pesos? ¿Qué vínculos existen entre los proveedores y funcionarios? Y, finalmente, ¿qué encontró o qué busca corregir el Gobierno con la reorganización de Olivos?
La investigación judicial tendrá que responderlas.
Y esta vez, la lupa está puesta sobre la puerta de la residencia presidencial.


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