
El fantasma de la guerra y el temblor de los mercados: alertas globales y ruido interno
Pedro Miguel MassolaLa guerra volvió a instalar el temor en los mercados internacionales. Durante el programa conducido por Roberto Navarro, con análisis de Ari Lijalad, se planteó un escenario inquietante: una combinación explosiva entre conflicto militar, incertidumbre tecnológica por el avance de la inteligencia artificial y tensiones comerciales impulsadas por Estados Unidos.
El primer impacto ya se siente en la energía. La interrupción parcial en la producción de Gas Natural Licuado en Qatar —uno de los principales actores del mercado mundial— provocó subas inmediatas. El petróleo volvió a escalar y el gas natural siguió el mismo camino. La experiencia reciente de la guerra entre Rusia y Ucrania funciona como antecedente: cuando el GNL se disparó, arrastró inflación global y desorden financiero.
El análisis advirtió que la lógica bélica actual es asimétrica: drones relativamente económicos contra sistemas de defensa que cuestan millones. Esa dinámica prolonga los conflictos y multiplica los costos. En paralelo, crece la volatilidad bursátil en Asia y Europa, mientras los inversores buscan refugio ante un escenario incierto.
Pero el foco no se limitó al plano internacional. El programa también cuestionó el alineamiento argentino en medio del conflicto y las recientes declaraciones presidenciales sobre la neutralidad histórica del país. El planteo fue claro: ante una posible escalada global, la distancia geopolítica puede ser una ventaja estratégica.
En el plano económico local, el diagnóstico fue contundente: si el conflicto se profundiza, el impacto en los precios internacionales de energía y alimentos podría complicar cualquier intento de estabilización inflacionaria. El aumento de commodities puede beneficiar exportaciones, pero también presionar el mercado interno.
Además, se sumó otro factor de riesgo estructural: la incertidumbre que genera la inteligencia artificial en los sectores productivos y financieros. Algunos analistas internacionales ya hablan de la posibilidad de un “crack” bursátil si confluyen guerra prolongada, inflación energética y reconfiguración tecnológica acelerada.
Sin embargo, más allá de las advertencias, no existe confirmación de una crisis financiera inmediata ni de un conflicto global generalizado. Lo que sí es evidente es un clima de tensión creciente.
La historia muestra que las crisis globales no se anuncian con sirenas, sino con señales. Energía en alza, mercados nerviosos y discursos cada vez más radicalizados son parte del paisaje actual. La pregunta no es si el mundo cambió, sino cuánto puede afectar ese cambio a la Argentina y qué decisiones se tomarán frente a un escenario que exige prudencia estratégica.


De Daireaux a Bahía Blanca: la pista clave que permitió esclarecer un robo millonario en Bolívar




