
El cierre de Fate sacude a la industria: más de 900 despidos y fuerte advertencia de la UIA
Pedro Miguel MassolaLa decisión de la empresa Fate de cerrar su planta en San Fernando encendió una alarma en el corazón del entramado industrial argentino. Más de 900 trabajadores perderán su empleo en una fábrica con décadas de trayectoria en el desarrollo de neumáticos y tecnología nacional.
En el interior y en los accesos a la planta, empleados y representantes sindicales iniciaron manifestaciones en rechazo a la medida. La incertidumbre se multiplica no solo entre los operarios, sino también entre proveedores, transportistas, pymes vinculadas y comercios de la zona que dependen de la actividad industrial.
La Unión Industrial Argentina expresó “gran preocupación” a través de un comunicado oficial. La entidad remarcó que detrás del cierre de una fábrica hay conocimiento acumulado, empleo calificado y cadenas de valor que tardan décadas en construirse. Según datos citados por la UIA, la industria perdió casi 65 mil trabajadores en los últimos dos años, una caída del 5,4%.
Para la entidad empresaria, el caso de Fate no es aislado. Lo vincula con un fenómeno más amplio: sobrecapacidad global en la industria del neumático, competencia internacional distorsionada y prácticas de dumping, especialmente desde Asia. En ese contexto, la UIA reclamó igualdad de condiciones para competir: menor presión impositiva, financiamiento accesible, infraestructura eficiente y un marco laboral actualizado.
Al mismo tiempo, el comunicado reconoce un desafío interno: alcanzar precios y calidades internacionales. La UIA plantea que la competitividad requiere inversión, modernización y un entorno macroeconómico estable que permita producir en Argentina con estándares globales.
El cierre abre interrogantes profundos sobre el rumbo industrial del país y sobre la capacidad de sostener sectores estratégicos frente a la competencia externa.
La pregunta que queda abierta es si este será un caso aislado o el anticipo de una reconfiguración más amplia del mapa productivo argentino. Lo que está en juego no es solo una planta: es el futuro de miles de familias y de un modelo de desarrollo industrial.



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